Archivo
Mis notas antiguas
Después de haber vivido un poco más de 8 meses y medio en Inglaterra, el regresar a casa me tenía con mucha incertidumbre, de si ciertas cosas ser harían o simplemente no podrían darse; tal vez escriba un post relacionado a ello, aunque por ahora no me voy a enfocar en eso.
Lo primero que hice al llegar a casa fue el arreglar mi cuarto, barrer, trapear y acomodar un poco el desorden total que existe en la casa. Mi hermana se casa por la iglesia el 1 de julio y la casa por ahora es una zona de guerra, cosas por aquí y otras tantas por allá, básicamente no hay lugar disponible en la casa.
Al empezar a limpiar mi cuarto me di a la tarea de tirar papeles viejos que ya no servían, tanto de la secundaria, preparatoria e incluso universidad. Papeles que ya no tienen importancia alguna y que si en su momento lo tuvieron pues por ahora ya no son trascendentales. Al buscar y buscar papeles encontré algunas notas importantes para mí, tanto de cosas que me hacen feliz, lo que soñaba día con día e incluso mis locos pensamientos que tenía en ciertos años. Así que iré publicando poco a poco estas notas que a pesar de ser un poco extrañas y locas, en su momento era la forma en la que pensaba, ya sea para bien o para mal.
Uno cambia cuando quiere

No recuerdo con quien platicaba la otra ocasión acerca de los cambios que uno tiene que hacer para sentirse mejor y resultó que era mejor empezarlo en el 2016. Le comentaba que cuando uno quiere realizar cambios los puede hacer desde el momento en que uno lo quiera, no se requiere el pretexto de decir que lo van a empezar la siguiente semana, el siguiente mes o incluso en el aniversario de la persona.
Las personas reniegan de las situaciones ya sea internas o externas, pero nunca hacen nada para contrarrestarlo o detenerlo. Algunas personas reniegan de que sus parejas los engañan y aun así siguen estando con ellas, otras personas mayores de edad les molesta que sus papás les digan que hacer o no hacer, mientras que algunos otros reniegan de su estado físico.
No te gusta que te engañen mándalo (a) a la chingada, te irrita que tus papás te digan que o no hacer, salte de tu casa y renta, te desagrada que estés gordito (a), entonces haz dieta y ejercicio. Todos o al menos la mayoría de los problemas que nos aquejan a diario tienen solución, pero la interrogante aquí es ¿qué tanto te interesa o te importa cambiar?
La gente sólo va a cambiar por dos situaciones: aprendiste demasiado o sufriste suficiente
Cuando uno de esos dos valores se cumpla, es cuando va a haber un cambio en el individuo, de otra manera seguirá ahí, donde le gusta estar: estancado.
Everything and anything
“It’s only after we’ve lost everything that we’re free to do anything.”
― Chuck Palahniuk, Fight Club
Las duchas son como las relaciones
Las duchas son como las relaciones, te gastas el agua caliente para pendejear, te diviertes, cantas y se te enfría el agua y es ahí cuando quieres que siga saliendo agua caliente para poder en realidad bañarte. Es lo mismo que pasa en las relaciones, hasta que ya pierdes a la persona es cuando la empiezas a sentir adentro. Pero en la relación qué tal -insértese meme de Van Damme bailando –
Mi hijo, el Normalista
Imagina que tienes un hijo, si ya lo tienes,imagínate quitándote el pan de la boca, trabajando de sol a sol para el. Lo ves crecer con el orgullo de tu sacrificio y lo imaginas un día llegando alto, mucho más de lo que tú pudiste llegar. Sabes que el sufre por no poder estar contigo y tú a la vez sacrificas su presencia con la esperanza de ver coronada la espera cuando algún día lo llamen “maestro”; porque como tú no pudiste estudiar, en la calle te hacen de menos, en los grandes festines tú no tienes lugar, y existen un sin número de cosas a las que jamás tuviste acceso y no quieres lo mismo para él.
Lo has visto partir tantas veces con el estómago vacío, y ha logrado llegar hasta la carrera aun cuando pedaleaba horas en bicicleta para ir a la escuela, cuando se enfermó y no le compraste sus medicinas, cuando se levantaba de madrugada e iba con sus ropas rasgadas en épocas de frío, y se pasaba el año con una sola libreta para todas sus materias; o a qué a veces, cuando te mandaban llamar a su escuela, no podías ir porque no tenías dinero, o no tenías donde dejar a sus hermanitos o no te dio permiso el «patrón» o a la «patrona».
Imagina que en tu casa no hay televisión, ni tienes celular, pero te avisaron que tu hijo está detenido, que paso “algo” y “que se lo llevaron al ministerio público de Iguala”, dejas todo, pides prestados unos centavos y corres con la policía. Nadie te da razón, vas a la escuela, preguntas a otros padres y todos están igual que tú, tienes hambre, ya entro la noche, y nadie parece saber nada. Después de algunos días te enteras que dicen en los noticieros que ya apareció tu hijo; el corazón te da un vuelco, pero dicen los demás que en una “fosa común”, como no entiendes muy bien el español le preguntas al de al lado – ¿qué es eso?- y te responde que es “donde tiran muertos”. No lo crees, no lo entiendes y corres a preguntar sin soltar la foto con su rostro ¿dónde está tu hijo? ¿A dónde lo llevaron? ¿Quién se lo llevo? Un reportero se para y te pregunta, echas a llorar, le cuentas como era tu hijo y le pides ante una cámara que si te está viendo que regrese, que lo extrañas, y no hay respuesta.
Ya llevas días enteros ahí sentado, y cada vez que llega alguien te acercas a ver si hay noticias, no has podido comer, ni piensas en bañarte, no logras hallar descanso ni de noche, ni de día.
Por momentos te sientas a recordarlo, a llorar desconsoladamente y a preguntarte: ¿por qué? ¿Por qué se lo llevaron si a él solo le gustaba jugar futbol? ¿Por qué si el solo quería ayudar a sus hermanos menores? ¿Por qué si solo buscaba un mejor futuro? porque si solo quería ser maestro?
Tu hijo podría ser Yosivani, el menor de 7 hermanos, que salió de la secundaria con un promedio de 9.8 y estudiaba para maestro porque el dinero no alcanzaba para costear otra carrera; o podría ser el “frijolito” que desinteresadamente dono su sangre a un enfermo que ni conocía; o Jorge que hace unos días cumplió años y hablaste por teléfono con él y le prometiste hacerle su comida favorita, el mismo que te cantaba y tocaba la guitarra mientras hacías tortillas.
Imagina a tu hijo caminando lleno de miedo por un camino obscuro, empedrado y solitario y a punta de pistola; imagina que lo hincan y lo hacen a cavar su propia tumba, mientras oye como van matando a sus demás compañeros, sabe que él puede ser el siguiente. Le rompen los huesos, lo rocían con algo que él no sabe que es… y le prenden fuego.
Queman sus sueños. Tus sueños. A tu amado e inocente hijo. Luego lo cubren con ramas y tierra y lo abandonan.
¿Pero sabes qué? afortunadamente esta historia no es la tuya. ¡No eres tú ni es tu hijo! Hoy no te toco a ti, hoy lloran en casa del vecino, pero eso no debería significar que permanezcas impávido, apático, insensible. Las injusticias llegan por todos lados y cuando menos lo esperas te ves envuelto en una de ellas, y será entonces cuando desearas que tu voz gastada tenga eco en los demás que tienen mejor suerte que tú.
Tus condolencias, mis condolecías y los “perdone usted” de la clase política que encubro a los asesinos no sirven de nada, inclusive la propia aplicación de la justicia de poco puede servir cuando se trata de sanar dolores como este, pero al exigirla al menos nos daría la tranquilidad de saber que nos unimos como pueblo, y que sus muertes no fueron del todo en vano.
Lees todo eso y te quedas con el «No Mames» en la boca, tanta impunidad del gobierno. Visto en http://www.proyectoambulante.org/index.php/noticias/nacionales/item/5095-mi-hijo-el-normalista
Going up and going up
“I’m on a roller coaster that only goes up.”
Everything is very simple
«Todo es muy simple mucho
más simple y sin embargo
aun así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi vida mi tránsito mi tiempo.»
Todo filho é pai da morte de seu pai
Há uma quebra na história familiar onde as idades se acumulam e se sobrepõem e a ordem natural não tem sentido: é quando o filho se torna pai de seu pai.
É quando o pai envelhece e começa a trotear como se estivesse dentro de uma névoa. Lento, devagar, impreciso.
É quando aquele pai que segurava com força nossa mão já não tem como se levantar sozinho. É quando aquele pai, outrora firme e instransponível, enfraquece de vez e demora o dobro da respiração para sair de seu lugar.
É quando aquele pai, que antigamente mandava e ordenava, hoje só suspira, só geme, só procura onde é a porta e onde é a janela – tudo é corredor, tudo é longe.
É quando aquele pai, antes disposto e trabalhador, fracassa ao tirar sua própria roupa e não lembrará de seus remédios.
E nós, como filhos, não faremos outra coisa senão trocar de papel e aceitar que somos responsáveis por aquela vida. Aquela vida que nos gerou depende de nossa vida para morrer em paz.
Todo filho é pai da morte de seu pai.
Ou, quem sabe, a velhice do pai e da mãe seja curiosamente nossa última gravidez. Nosso último ensinamento. Fase para devolver os cuidados que nos foram confiados ao longo de décadas, de retribuir o amor com a amizade da escolta.
E assim como mudamos a casa para atender nossos bebês, tapando tomadas e colocando cercadinhos, vamos alterar a rotina dos móveis para criar os nossos pais.
Uma das primeiras transformações acontece no banheiro.
Seremos pais de nossos pais na hora de pôr uma barra no box do chuveiro.
A barra é emblemática. A barra é simbólica. A barra é inaugurar um cotovelo das águas.
Porque o chuveiro, simples e refrescante, agora é um temporal para os pés idosos de nossos protetores. Não podemos abandoná-los em nenhum momento, inventaremos nossos braços nas paredes.
A casa de quem cuida dos pais tem braços dos filhos pelas paredes. Nossos braços estarão espalhados, sob a forma de corrimões.
Pois envelhecer é andar de mãos dadas com os objetos, envelhecer é subir escada mesmo sem degraus.
Seremos estranhos em nossa residência. Observaremos cada detalhe com pavor e desconhecimento, com dúvida e preocupação. Seremos arquitetos, decoradores, engenheiros frustrados. Como não previmos que os pais adoecem e precisariam da gente?
Nos arrependeremos dos sofás, das estátuas e do acesso caracol, nos arrependeremos de cada obstáculo e tapete.
E feliz do filho que é pai de seu pai antes da morte, e triste do filho que aparece somente no enterro e não se despede um pouco por dia.
Meu amigo José Klein acompanhou o pai até seus derradeiros minutos.
No hospital, a enfermeira fazia a manobra da cama para a maca, buscando repor os lençóis, quando Zé gritou de sua cadeira:
? Deixa que eu ajudo.
Reuniu suas forças e pegou pela primeira vez seu pai no colo.
Colocou o rosto de seu pai contra seu peito.
Ajeitou em seus ombros o pai consumido pelo câncer: pequeno, enrugado, frágil, tremendo.
Ficou segurando um bom tempo, um tempo equivalente à sua infância, um tempo equivalente à sua adolescência, um bom tempo, um tempo interminável.
Embalou o pai de um lado para o outro.
Aninhou o pai.
Acalmou o pai.
E apenas dizia, sussurrado:
? Estou aqui, estou aqui, pai!
O que um pai quer apenas ouvir no fim de sua vida é que seu filho está ali.
Por Fabrício Carpinejar
